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Cuando no se vuelve a casa por Navidad
Adviento, tiempo de esperanza
por Gabriel Bravo
Desde este pasado domingo, estamos en el tiempo litúrgico del Adviento, en el que esperamos el nacimiento de Jesús, nuestro Redentor.
Histórica oración ecuménica del Papa León XIV y los Reyes de Reino Unido
por Carmen Sánchez
El jueves, 23 de octubre, tuvo lugar un encuentro entre el Papa León XIV y los reyes del Reino Unido.
No es esta la 1ª vez que se produce una visita de estado entre los monarcas británicos y un Papa, pues la fallecida Isabel II tuvo varios encuentros con algunos Papas, pero sí es la primera vez que se reunen para una oración conjunta.

Es, por tanto un hito en las relaciones entre un rey inglés, cabeza de la Iglesia Anglicana, y el Papa, máxima autoridad de la Iglesia Católica para orar juntos.
Recordemos que hace 500 años el rey Enrique VIII se separó de la Iglesia Católica y fundó la Iglesia Anglicana, de la que se proclamó jefe supremo.
Este acontecimiento me lleva a una reflexión sobre la importancia de tender puentes, de unir en lugar de separar, de que es más importante ver lo que nos une que lo que nos separa y en este caso creo que unirse y rezar juntos a Dios para alabar la belleza de su creación y preservarla es un acto que nos recuerda que creemos en un mismo Dios.
Tomemos ejemplo y dejémonos de prejuicios y de menospreciar a los demás. Los caminos y los tiempos del Señor no son los nuestros y en sus manos está el juicio.
“No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro”(Lucas 9, 50).
Misa de comienzo de la catequesis y envío de catequistas
Ecos de la misa de envío de catequistas
por Mariángeles Di Falco
¡¡¡TRIBUNA LIBRE!!!
Opina: Carmen Sánchez (Círculo de Oración y Vida Betania) (Parte II)
Si habeis leido mi anterior post ya sabeis que dejé pendiente un tercer comentario. Pués bien, este lo leí en la sección de cartas al director de un periódico. Como habreis observado, el tono de los comentarios anteriores era un tanto jocoso;este,en cambio, sé que me va salir más serio porque cuando lo leí me produjo una enorme tristeza.
Escribe una lectora: "A estas alturas de la pelicula dejen ya de hablar de la eutanasia, que hay enfermedades incurables y dejen a cada uno con su conciencia”.(Menos mal que dijo eutanasia y no el dichoso eufemismo “derecho a morir dignamente”).
¡¡¡TRIBUNA LIBRE!!!
Opina: Carmen Sánchez (Círculo de Oración y Vida Betania)
Estos días he visto, leído y escuchado algunos comentarios que me han llamado poderosamente la atención y que me llevan a reflexionar sobre a qué grado de pobreza moral y espiritual estamos llegando.
Comparto tres, porqué sino esto se haría muy largo y no es cuestión de aburrir. Es compartir algo que quizás, en este tiempo de Adviento, pueda servir para centrarnos en lo que de verdad importa.
¡¡¡LA SONRISA DE TUS OJOS!!!
“La sonrisa de tus ojos”
Mi madre solía decir: “Lo poco que cuesta una sonrisa, y cómo se agradece”, Efectivamente es así, y cuántas veces echamos en falta este gesto en nuestras relaciones, siendo ahora, en época de la pandemia, cuando hemos descubierto esa otra forma de sonreír, como es la que, por el uso obligatorio de la mascarilla, hemos tenido que trasmitir únicamente, por medio de nuestros ojos. Y por lo tanto, a través de ellos, manifestar nuestros sentimientos más profundos. Pues bien, por esta circunstancia sobrevenida, se nos ha desvelado, que aparte del gran atractivo físico que esta parte de nuestro cuerpo encierra, éstos poseen unas cualidades que quizás hasta ahora nos pasaban desapercibidas, y éstas no son otras que su gran valor comunicativo de toda clase de sentimientos: alegría, tristeza, felicidad o cariño. Con lo cual, ha quedado demostrado que si bien la expresión de la boca puede trasmitir un estado aparente de alegría o mal humor, son los ojos los que desvelan el verdadero sentimiento de la persona, porque los labios podrán esbozar una sonrisa, pero serán tus ojos los que delatarán si ésta es fingida, porque son éstos los que reflejan el verdadero estado de ánimo de cada persona, como muy acertadamente dice nuestro refranero popular: “Los ojos son el espejo del alma”, siendo los niños los que mejor perciben nuestros sentimientos a través de la mirada, quizás por su inocencia y limpieza de corazón.
Adolfo Costas Gascón
¡¡¡HONRAR A LOS DIFUNTOS!!!
El sacerdote y periodista Mons. Alberto Cuevas Fernández nos ofrece una reflexión donde clarifica como los cristianos debemos honrar a los difuntos, según lo que aconseja a sus miembros la madre Iglesia. Está publicada en el diario “Faro de Vigo” del domingo 31 de octubre, y nosotros nos hacemos eco aquí:
HONRAR A LOS DIFUNTOS
Es el modo generoso y agradecido de seguir viviendo, tras su tránsito, el cuarto mandamiento del decálogo. Y este mes de noviembre dedicado tradicionalmente a la reflexión sobre las postrimerías de la existencia humana, nos ofrece en bandeja la ocasión de clarificar, al menos a quienes se consideren cristianos, la adecuada conducta que se nos reclama ante la muerte de un ser querido. Y es que con excesiva frecuencia constato apenado que ni siquiera los que se creen mejor formados están siendo ejemplo a seguir y modelos a imitar. Ahí va, pues, de manera sucinta el modo de hacer las cosas como lo aconseja a sus miembros la madre Iglesia en tales situaciones.
¡¡¡DIOS NO SE VA DE VACACIONES!!!
Estamos en pleno verano, algunos de vacaciones y otros trabajando, pero quizás con un ritmo menos intenso que durante el curso.
Trabajo en un colegio y con frecuencia algunos de mis tutorados al comienzo del nuevo curso, en septiembre, me comentan que se han olvidado de Dios durante las largas vacaciones de verano. Durante el curso rezan, asisten a Misa en ocasiones entre semana, no solo los domingos, se confiesan con cierta regularidad, participan en los planes de voluntariado con los más necesitados, etc, etc,…pero llega el verano y parece como si Dios se hubiese ido de vacaciones, pues esas prácticas de vida cristiana las abandonan durante este periodo. Y esto nos puede ocurrir también a los adultos si nos descuidamos.
Está claro que durante las vacaciones de verano estamos más relajados, pero eso no implica que abandonemos nuestra lucha. En primer lugar estar de vacaciones no significa “no hacer nada”. Debemos tener un horario flexible y ocupar el tiempo en actividades que requieren menos esfuerzo, pero que nos enriquecen y además agradan a Dios: La lectura, disfrutar de la naturaleza, cultivar un hobby, hacer deporte, salir con familias amigas, etc.
Hemos de pensar también que tenemos más tiempo para Dios. Con esto me refiero a que podemos hacer un rato de oración todos los días, si puede ser delante de un sagrario mejor, con más calma que durante el curso, donde el ritmo de vida nos come más de una vez. Podemos también plantearnos asistir a la Sta. Misa no solo el domingo, sino también entre semana, en la medida que nos sea posible. Y comulgar, si estamos en gracia. Y aprovechar para darle las gracias a Dios por tantas y tantas cosas que nos concede. También para pedirle por nuestros familiares y amigos, por todos los afectados de la pandemia, por todas las personas con las que nos relacionamos durante el día, por los que sufren, por las intenciones del Papa, por los triunfos de nuestros deportistas olímpicos, por tantas y tantas cosas…
A mí me gusta particularmente la playa y bañarme en el mar. En muchas ocasiones las playas están llenas de gente que disfrutan de un maravilloso día de Sol. Me pregunto cuántas de las miles de personas que han pasado unas horas en las bellas playas que tenemos en Galicia le dan gracias a Dios al recoger su sombrilla y demás bártulos por lo bien que lo han pasado. Todo se lo debemos a Él. Disfrutamos en el fondo de su maravillosa creación. Es una buena costumbre también rezar el Rosario en la playa pidiendo por los que ese día la comparten con nosotros.
Este año no habrá seguramente procesiones ni atracciones en las fiestas de la Peregrina, pero eso no es un obstáculo para que estemos esos días muy unidos a la Virgen. Ahí está nuestra fiesta.
Vivamos lo que queda de verano con mucha presencia del Señor y de su Madre. Ellos no se van de vacaciones. Nos esperan en cada momento.
Gabriel
¡¡¡LINFOCITOS!!!
Los linfocitos son parte del sistema inmunitario y, en esta pandemia, están llamados a hacer “horas extra”. Parece que ese es uno de los posibles efectos de las vacunas anti covid, propiciar que se generen linfocitos que paren la expansión del virus. O eso al menos he creído entender leyendo alguna noticia sobre el particular.
En nuestras parroquias contamos con unos peculiares “linfocitos”, los fieles que de manera generosa y desinteresada ayudan a desinfectar el templo después de cada celebración. Sin esta colaboración imprescindible no podríamos mantener el culto público, sino que habría que volver al estado de “catacumbas” vivido durante un tiempo a partir de mediados de marzo del pasado año.
La relación entre protección de la salud y fe es un aspecto concreto del lazo que vincula a la razón con la fe, a lo humano con lo divino. En términos teológicos esa conexión se ve regulada por lo que enseña el concilio de Calcedonia acerca de la correspondencia que, en la persona de Jesucristo, se da entre la naturaleza divina y su naturaleza humana: “sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”. Las propiedades de cada una de las naturalezas “de ningún modo queda suprimida por su unión”.
La observancia en los templos de las medidas sanitarias - uso de mascarilla, distancia social, higiene de manos, desinfección… - viene urgida por nuestra condición humana y por la consiguiente aplicación de lo que la razón dicta: hacer caso a los expertos en medicina. En absoluto esa observancia se opone a la fe, sino que se une a ella, ya que Dios cuenta con que nuestra respuesta a él – y eso es creer – asuma la realidad de lo que somos; por tanto, también nuestra inteligencia.
La posibilidad de celebrar el culto, en especial la Santa Misa, con la asistencia libre de los fieles es decisivo para la vida de la Iglesia. Verse privados de esa posibilidad a largo plazo supondría un grave daño. De ahí la importancia de procurar con esmero que las iglesias sigan siendo, como lo han sido hasta ahora, lugares seguros desde la perspectiva sanitaria.
Comentando con una feligresa mi preocupación por la ausencia de algunos fieles en la Santa Misa, ella me contestó con gran convicción: “Si tienen fe, en cuanto puedan volverán”. Tiene razón. Aquellos que no acuden a la celebración para preservar su salud si tienen fe echarán de menos la participación en el culto. Si tienen fe, volverán en cuanto les sea posible.
Esta pandemia está resultando un crisol para todos; nos pone a prueba, nos obliga a verificar la autenticidad de nuestro compromiso concreto con Jesucristo y con su Iglesia. “Si tienen fe, volverán”.
En nuestras parroquias estos feligreses que actúan como linfocitos contribuyen desde lo pequeño a que se haga presente lo más grande, la cercanía de Dios, su visita en los sacramentos. “Id a prepararnos la Pascua”, le dijo Jesús a Pedro y a Juan. Y así lo hicieron, en “una habitación grande amueblada con divanes”.
Son muchos los fieles que han intensificado su colaboración con las parroquias, dedicando su tiempo, su trabajo y hasta su dinero. Dios se lo pagará como solo Él sabe hacerlo.
Guillermo Juan Morado
Artículo publicado en Infocatólica
¡¡¡ESTA NAVIDAD, LA MEJOR NAVIDAD!!!!
En la situación que vivimos, las restricciones provocadas por la pandemia nos brindan la oportunidad de poder centrarnos en este tiempo litúrgico. Siento que últimamente el significado de la Navidad se va diluyendo y se va convirtiendo en una mera fiesta en la que sólo se piensa en comer copiosamente y hacerse regalos. Está claro que el deseo de reunirnos toda la familia es algo bueno pero lo que ha dejado de tener sentido es el por qué de esa juntanza. La gente se preocupa por adornar la mesa con un montón de chilindradas, también por que haya comida en abundancia y todo tipo de postres y dulces. En algunas casas hay un montón de luces, espumillones, guirnaldas, árbol de Navidad... Pero, ¿se pone también el Nacimiento? Quizá en algunas si, aunque no en todas porque parece que es más llamativo y atractivo un árbol con luces y bolas de colores que un humilde Nacimiento. Y, a veces, en aquellos hogares en los que se coloca el Nacimiento se adelantan los acontecimientos poniendo a la Sagrada Familia al completo sin darse cuenta que hasta el día 25 no nace Jesús y así, nos adelantamos tanto a ese gran día que cuando llega nos pasa desapercibido entre tantos otros y no advertimos que es precisamente ese día cuando deberíamos colocar la figura del Niño Jesús en el pesebre y centrarnos en lo importante de estas fechas.
¡¡¡CARTA PASTORAL DE ADVIENTO!!!
Así se expresa Don Julián Barrio en la Carta Pastoral para el tiempo de Adviento. En el texto, el arzobispo nos anima a todos los diocesanos a vivir “cristianamente la Navidad”, ya que “el Señor se ha hecho contemporáneo de la vida de cada uno de nosotros, también en medio de esta pandemia que nos desasosiega y cuestiona”.
¿ Quieres leerla entera? Encuéntrala aquí
SAN ROQUE Y MI MADRE
No era mi madre especialmente practicante en lo referente a la religión y, sin embargo, era muy devota del Nazareno, la Virgen del Carmen y San Roque. Con los dos primeros cumplía, siempre a su manera. Cada vez que iba a la plaza se pasaba por delante de la capilla, dejaba su limosna en el peto de las Ánimas y rezaba. A la Virgen del Carmen le rezaba en casa ante una pequeña imagen que cuidaba con mimo; todo muy “casero” y, como ella decía, con mucha gracia, "eles e eu entendémonos ainda que non vaia a Iglesia".
¿¿¿UN DIOS A LA CARTA???
Al día siguiente ojeando los textos bíblicos que la Iglesia proponía para ese día me llevé una gran sorpresa. Aunque a algunos os cueste verlo, el Señor nos habla todos los días, se comunica con nosotros a través de Su Palabra, la Biblia, y a mi me aclaró mis dudas.
En la primera lectura el profeta Amós advertía a Jeroboam, rey de Israel, de que su forma de gobernar le llevaría a la muerte y a su pueblo al destierro pero este rey no quiere oírlo, no le interesa lo que le dice y lo expulsa del país.
El salmo propuesto decía que los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos y que la ley del Señor es perfecta.
Me quedé meditando sobre esto y sobre la conversación con mi amigo y me di cuenta que mis dudas sobre lo qué haría yo si me encontrara en una situación parecida a la de la noticia del telediario, son muy humanas y normales pero por muy humanas y normales que me parezcan no deben confundirme. Dios dice claramente que la vida humana es sagrada y si yo ocultara que tengo síntomas de coronavirus y realmente estuviera infectada estaría poniendo en peligro la vida de otros además de la mía.
Jesús nos habla del amor al prójimo y ¿que clase de amor al prójimo practico si sólo pienso en mi y mis circunstancias?
Mis dudas, igual que las de muchas personas sólo son fruto del miedo y el miedo no es más que falta de confianza en Dios. Es difícil verlo de esta manera porque, en ocasiones, tendemos a culpar a Dios de nuestras desgracias cuando, la mayor parte de las veces, la culpa es nuestra. Dios no tiene la culpa de que nuestra sociedad funcione así, no es responsable de la precariedad laboral ni de la desconfianza de las personas, esto sólo es fruto de nuestras acciones y decisiones.
A veces decimos (o al menos yo lo tengo dicho) que seguimos los mandatos de Dios pero anteponemos nuestras ideas, nuestras costumbres, nuestro parecer, a Su Ley, queremos seguir a un Dios a nuestra manera. Lo aceptamos y seguimos cuando nos va bien y cuando nos resulta fácil cumplir sus mandamientos pero cuando las cosas no van como nosotros queremos, cuando la cosa se pone difícil entonces surgen las dudas, los peros, los " y si esto...y si lo otro" entonces hacemos como ese rey de Israel, lo apartamos, lo expulsamos de nuestra vida.
Buscamos un Dios a nuestra conveniencia en vez de fiarnos de Nuestro Dios que, aún sin que nosotros sepamos cómo o sin entender de qué manera, siempre quiere lo mejor para nosotros y, sin merecerlo, nos ama como nadie nos amó ni nos amará nunca.
Quizá debamos dejar de quejarnos, de poner excusas y de justificar nuestras decisiones y debamos ser más fieles a Él y a Sus mandatos porque como sigue diciendo el salmo "La ley del Señor es descanso del alma, Sus mandatos son rectos y alegran el corazón" y no hay mayor paz que la paz interior, la paz del espíritu que surge al tener la conciencia tranquila por saber que se está haciendo lo correcto, lo que agrada a Dios.
¡¡¡ADORACIÓN EUCARÍSTICA!!!
¡¡¡SED COMO NIÑOS!!!
Estaba pasando por zonas en las que habitualmente había un trajín de gente por ser muy céntricas y sin embargo esta vez no había nadie, no había nada, el silencio era absoluto, la quietud total. Estando ya cerca de mi casa entré en una calle en la que me invadió una sensación muy extraña y angustiosa. Miraba hacia adelante y no había nada, un silencio como de desierto o incluso peor pues ni siquiera se oía el aire al moverse, había como un vacío total. Miraba hacia los lados y más de lo mismo, nada. Alcé la mirada hacia arriba porque pensé que quizá estaría alguien mirando por la ventana pero no había nadie. Allí parada recorrí con la vista todo lo que me rodeaba y nada de nada. A medida que fui avanzando por la calle me iba invadiendo una sensación inquietante, me sentía la única persona del planeta, era como si la humanidad hubiera sido aniquilada y empezó a entrarme algo de miedo, más bien pánico y apuré el paso hasta llegar a mi calle en donde, al menos, había alguna persona eso sí pocas, en el más absoluto silencio y colocadas en fila a una distancia prudencial esperando para entrar al supermercado. Me paré a observar la escena y mi estado no mejoró. Ahora era una profunda tristeza lo que sentía. Las personas más que humanas parecían autómatas, no hablaban entre ellas y prácticamente ni se miraban, me pregunté:
Pasé todo el día con "mal cuerpo" primero porque no entendía por qué recorriendo el mismo trayecto, la sensación del camino de ida a la tienda fue una y a la vuelta la contraria y lo que es peor no conseguía entender cómo esta pandemia nos estaba transformando de ser seres altamente sociables a convertirnos en una especie de islas humanas. Es cierto que debemos mantenernos a distancia unos de otros, pero ¿ desde cuándo eso nos ha impedido hablar? Ahora parece que nos miramos con cierto recelo, como si el otro fuera un apestado y pudiera contagiarnos sólo con mirarnos, porque ni a la cara nos miramos. Fue uno de los días más tristes que recuerdo.
Por la noche, en las noticias, el presidente del gobierno anunciaba que se empezaban a relajar un poco las medidas de este confinamiento y no solo los niños podrían salir a pasear, en una semana también podríamos salir los mayores. Esta noticia me hizo mucha ilusión porque después de la experiencia vivida esa mañana entendía que esta situación de encierro empezaba a hacer mella en mi ánimo pero, al mismo tiempo sentía cierta preocupación por cómo íbamos a reaccionar en esa primera salida. Igual algunas personas decidían no salir por miedo al contagio o si decidían salir lo harían con tanto miedo que le impediría disfrutar de ese momento. Quizá vayamos huyendo unos de otros y ese control por mantener las distancias genere más estrés que alegría... Yo que sé. Me acosté con toda esta mezcla de extrañas sensaciones.
Pero Dios es Grande, muy Grande y la mañana siguiente me permitio vivir una escena maravillosa que ha borrado de un plumazo mi agobio. Estaba haciendo cosas por casa y, de repente, oí unos gritos infantiles. Era bien temprano y hacía tanto tiempo que no se oían voces de niño en la calle que salí corriendo a la ventana. Había un niño en la acera mirando hacia arriba y gritando. ¡Abuelo, abuelo, sal que estoy aquí!
De repente vi abrirse una ventana y la cabeza de un señor mayor que se asomaba con una enorme sonrisa. ¡Que diferente esta escena a la del día anterior! No había ni un ápice de tristeza, miedo o preocupación sólo había alegría y felicidad. Se produjo un maravilloso diálogo entre ellos de amor y esperanza a pesar de que les separaba más distancia del ya conocido metro y medio y hubo muchos, muchos besos lanzados al aire.
Fue un momento de mucha emoción que agradecí a Dios y que yo viví como la respuesta del Señor a mi angustia, a mi preocupación, porque el Señor es así, se comunica todos los días con nosotros, a través de personas, de gestos, de situaciones, de la misma naturaleza en todo hay signos de Su presencia y en nuestras manos está aprender a reconocerlos.
Ese día Jesús me tranquilizó y me enseño que debemos ser como ese niño y mostrar nuestra alegría, nuestra emoción y nuestros deseos de volver a recuperar nuestra esencia de seres sociales y necesitados de comunicarnos, de relacionarnos sin miedo y aunque los gestos físicos de cariño tendrán que esperar un poco, para eso están los besos lanzados al aire.
¡ Sed como niños ! ¡Que razón tienes Maestro!
¡¡¡EMAÚS!!!
El pasaje del Evangelio de Lucas donde nos habla de los discipulos de Emaús, es uno de los que mas me hace pensar en lo importante que es conocer la Palabra de Dios ¿Qué es lo primero que hace Jesús cuando se les aparece? Explicarles la Sagrada Escritura.¿Qué efecto hace eso en sus corazones? Arden. Y,después ¿Cómo lo reconocieron? Al partir el pan y con sus corazones ardiendo. ¿No os recuerda todo esto lo que celebramos en la Misa? Primero la Palabra,a continuación la Consagración,Partición y Comunión del Pan convertido en Cuerpo de Cristo.
Este pasaje me ha hecho pensar en lo importante que es leer y profundizar en la Palabra de Dios. No debería, para un católico, pasar ni un solo dia sin leer algun pasaje de la Biblia, meditar, hacerse preguntas y tratar de encontrar respuestas que nos hagan crecer en la fe para seguir el camino que de verdad importa:la salvación.
En los tres años de predicación ¡Cuántas veces Jesús nos recuerda textos del Antiguo Testamento!¿Por qué? Porque todo el AT es testimonio del amor de Dios por el hombre, guía para su salvación , esperanza, promesa y anuncio del Mesias que nos redimiría y sellaría la nueva alianza.
Yo creo,es mi percepción personal,que muchos católicos han dejado un poco de lado la lectura diaria de la Biblia(sobre todo el AT) y se han conformado con las lecturas dominicales que,a veces por repetidas a lo largo de los años,han dejado de inflamar los corazones volviendolos tibios."Ay de vosotros los tibios",dice Jesús. Solo se ama lo que se conoce y,si no conocemos la palabra de Dios,¿como podremos amarlo? ¿como hacer que nuestro corazón arda como en los discipulos de Emaús? Dejándonos acompañar por Jesús a través de la Palabra;solo asi aprenderemos a conocerlo,amarlo y ser testigos suyos.
En esta Pascua tan atípica, especialmente para un católico que no puede recibir a Jesús Sacramentalmente, profundicemos en la lectura y meditación de la Sagrada Escritura para que arda nuestro corazón y,cuando vuelva la normalidad, podamos celebrar la Santa Misa todos juntos con nuestros corazones ardiendo en el Sagrado Corazón de Jesús Resucitado.
“En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios y el Verbo era Dios”(Jn 1, 1) “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14)
¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!
Carmen (cov Betania)












