SAN ROQUE Y MI MADRE


No era mi madre especialmente practicante en lo referente a la religión y, sin embargo, era muy devota del Nazareno, la Virgen del Carmen y San Roque. Con los dos primeros cumplía, siempre a su manera. Cada vez que iba a la plaza se pasaba por delante de la capilla, dejaba su limosna en el peto de las Ánimas y rezaba. A la Virgen del Carmen le rezaba en casa ante una pequeña imagen que cuidaba con mimo; todo muy “casero” y, como ella decía, con mucha gracia, "eles e eu entendémonos ainda que non vaia a Iglesia". 



Pero... ¿ y San Roque ? Lo de San Roquiño (le llamaba ella) era gracioso y con el tiempo, motivo de chanza familiar. Resulta que llegaba agosto y decía: "o día de San Roque teño que ir á misa que lle teño ofrecida unha vela". Pero llegaba el día y, ni misa, ni vela, y cuando le preguntábamos contestaba muy seria y convencida “o ano que vén, pero rézolle e Él o entende”. Así un año tras otro San Roque se quedaba sin su ofrenda. Estando enferma le decíamos si quería que la lleváramos a misa y que le llevara la vela, pero ella seguía diciendo “o ano que ven”.

Mi madre murió en febrero, hace diez años, en casa, como siempre deseó y acompañada por nosotros y en agosto de ese mismo año allá se fue mi hermano a cumplir con San Roque, ofrecerle la vela y participar en la Misa. Sin quererlo, ella nos dejó en “herencia” su devoción. A partir de ese momento San Roque cuenta con sus hijos cada 16 de agosto.

Todo esto que os cuento en tono desenfadado lo recordé durante el confinamiento cuando, en la Basílica, vi la imagen de San Roque. Pensé qué duro sería para ella y para nosotros lo que estaban pasando las personas que, enfermas o moribundas, estaban sufriendo en soledad y aisladas, sin sus seres queridos acompañándoles en esos duros momentos. Durante ese tiempo ofrecí mis oraciones a la Virgen del Carmen y a San Roque y ahora por primera vez, participé en la novena a San “Roquiño” (que diría mi madre) para que, con su intercesión, se las presenten al Señor y Él, que sufrió también la soledad y el abandono durante su Pasión, sea el Buen Pastor y como dice el salmo “en verdes praderas los haga recostar, los conduzca hacia fuentes tranquilas y repare sus fuerzas”.

A mis padres. Y a los fallecidos, enfermos y familiares que han sufrido por los efectos de esta pandemia, todo mi cariño y mis oraciones.


 Carmen Sánchez (C.O.V. Betania)