por Gaspar, Rey Mago
Los tiempos cambian, incluso para los Reyes Magos. Por eso esta vez llegué en coche. Hoy en día es bastante más fácil mantener un coche que un camello…¡aunque tengo que confesar que a los camellos les sigo teniendo mucho cariño! Entré en la Basílica acompañado de mis inseparables compañeros Melchor y Baltasar. Nada más cruzar la puerta noté las miradas de sorpresa, las sonrisas, la ilusión en los ojos de todos. No es habitual encontrarse con los Reyes Magos cualquier día del año, y creo que nuestra presencia creó un ambiente muy alegre y festivo.
Participar en las misas de 11h y 12:30h fue una experiencia muy especial. Al principio sentí algo de nervios, no lo voy a negar, pero poco a poco esa inquietud dio paso a una profunda paz interior. No es la primera vez que vengo y, por eso, en Santa María me siento como en casa. ¡Fue un detalle muy bonito poder posar con las personas que se acercaron a sacar fotos con nosotros!
El Belén parroquial me encantó. Siempre que puedo me visto de incógnito para echarle una mano a Juan, el chico que se encarga de montarlo. Aprovecho para recomendarle esta experiencia a todo el mundo porque es muy divertido y porque preparar el Belén no es solo colocar figuras: es una manera preciosa de preparar el corazón para la Navidad.
Si tuviese que dejar un mensaje a quienes nos acompañaron ese día, sería este: igual que yo seguí la estrella y busqué a Jesús, os animo a hacer lo mismo. Él siempre se deja encontrar, pero hay que ponerse en camino, salir de la comodidad y buscarlo de verdad. Si tuviese que resumir mi visita en una sola palabra, sería paz. Y si pudiera pedir algo a Jesús para esta comunidad parroquial, le pediría que nos haga a todos un poco más humildes, para saber acoger mejor a quienes nos rodean y caminar juntos como auténtica familia.







