In memoriam, por José Antonio Domínguez
El pasado martes día 6 de octubre, en torno a las seis de la tarde, nuestra querida amiga Charo Albero fue llamada a la casa del Padre, y por allá debe estar hablándole bien de los que aquí todavía estamos, ayudando con sus oraciones desde bien cerquita de Dios…
Hacer semblanza de quién fue Charo es fácil: Era (es, porque está viva junto
al Resucitado) una gran persona, una mujer que con su testimonio de vida nos
ha servido de ejemplo como esposa, como madre de dos maravillosas hijas y
abuela de un nieto ejemplar. Ella, inseparable de su esposo Erhard, eran un
pack indivisible: siempre sonrientes, siempre amables, siempre ayudando en lo
que podían en la parroquia o en su día a día. La semana pasada habían cumplido
sesenta años de aniversario de bodas y aun en medio de la enfermedad, no
dejaron de celebrar en su intimidad el regalo de un amor tan sincero desde su
juventud, cuando se conocieron en tierras suizas y Dios ligó a una española y
un austríaco hasta el día de hoy para que fuesen luz y modelo de matrimonio
cristiano. En la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo han estado
juntos y, en medio de ellos, Dios.
Charo con Erhard en el carrito de acogida a peregrinos y turistas
Sí, Dios ha estado presente en sus vidas, y siempre han formado comunidad
cristiana allá donde han ido. Tanto aquí como en Suiza, han participado
activamente en la Iglesia local donde han residido. Charo especialmente
colaboraba en varios grupos de nuestra parroquia de Santa María.
Cada martes, mientras la enfermedad no se lo impidió, acudía con el bueno de
Erhard a los encuentros de “Meu Lar”, un espacio abierto, libre y gratuito
para toda persona que quiera asistir a nuestro centro parroquial para
acompañarnos unos a otros en el camino de la vida, compartir charlas, cosas
ricas para picar, partidas de escoba o dominó, comentar o leer la prensa,
alejar soledades, en fin, un lugar para la amistad.
Charo con sus compañeros de Meu Lar, en mayo de 2025
También, junto con su esposo, brillaban especialmente en otra faceta luminosa,
la ACOGIDA en la basílica formando parte de ese equipo. Cómo no recordarlos a
los dos, de pie junto al “carrito”, recibiendo a peregrinos y visitantes con
esas sonrisas y esa cercanía que ambos practicaban tan naturalmente porque les
salía del alma… Cuántas personas se beneficiaron de ese trato tan bondadoso,
de sus traducciones de idiomas, cuánto agradecimiento les debemos porque
fueron la cara amable, visible y acogedora de la Iglesia como comunidad
parroquial, un regalo de hospitalidad para quienes estaban de paso.
Acogiendo a unas peregrinas en la Basílica de Santa María
Inquieta como era, Charo también practicaba otro “trabajito” formando parte
del equipo de Pastoral de Salud, se preocupaba por personas que por diversas
razones no podían o incluso no querían desplazarse a la parroquia y sin
embargo era la que las acompañaba discreta y calladamente; la que oraba , la
que actuaba con hechos y no solo palabras en favor de muchas otras, enfermas
del cuerpo, del alma o de la cartera. Como representante de ese equipo, sé que
ha sido una bendición conocerla, que la echaremos un montón de menos, pero
sobre todo quisiera decir que fue un ejemplo grandioso de persona coherente
con su Fe. Sobrellevó la enfermedad con fortaleza y dignidad, con una entereza
y una paz digna de admiración, preparándose para encontrarse con El Creador y
dejando todo en sus manos. Ejemplo son sus propias palabras, “Dios me ha dado
una larga y buena vida y una enfermedad corta, así que es justo estarle
agradecida...”.
Charo con sus compañeras de Pastoral de la Salud, informando sobre la
Unción de Enfermos
También ella nos decía muy en serio y hace ya bastantes días, que se iba a
"marchar el día de la Virgen del Rosario" (como así fue) y lo cierto es que
Dios o la intercesión de su madre le han concedido ese deseo y desde entonces
debe andar por los jardines y las montañas del cielo. Desde allá, yo creo que
cumplirá lo que le pedí desde la puerta de la habitación cuando me marchaba el
último día que la vi: que, desde allí, pidiera por los que nos quedamos
todavía a este lado del andén. Charo era mujer de palabra y de carácter, así
que estoy seguro de que cumplirá lo que le pedí.
Hasta pronto, querida amiga, nos vemos en un “ratito”. Descansa en El Señor.



