Varias personas de nuestra parroquia participaron en Muxía de este encuentro,
donde se dio testimonio de la acogida cristiana a peregrinos y turistas que se
realiza en la Basílica de Santa María.
Redacción: Leonor Fernández
Fotografías: Reme González, Leonor Fernández y Cristina Montenegro
El pasado viernes, 18 de septiembre, varias personas de la parroquia de
Santa María participamos en Muxía en la II Jornada de Pastoral de Turismo
centrada especialmente en la acogida cristiana. Fue una jornada muy fructífera, celebrada además en un marco privilegiado:
el Parador de Turismo de la Costa da Morte, con unas vistas espectaculares
sobre el mar.
Entre los participantes estuvieron el delegado de Pastoral de Turismo, Juan
Ventura, y el delegado diocesano para el Laicado, Alfredo Rosada, además de
otros especialistas del sector. A lo largo del encuentro disfrutamos de ponencias y testimonios relacionados
con el turismo y las peregrinaciones. El equipo de Acogida de nuestra
parroquia también tuvo ocasión de compartir experiencias.
Desde el año 2021 realizamos en la Basílica una labor de acogida cristiana
dirigida no solo a quienes llegan a Pontevedra haciendo el Camino de
Santiago, sino también a las muchísimas personas que entran cada día en el
templo como turistas, atraídos por su valor histórico, artístico o
simplemente por la curiosidad de conocerlo.
Parte de esta labor tiene lugar en el exterior, con el carrito de sellado de
credenciales, pero también existe otra labor quizá menos visible que se
desarrolla dentro del templo.
Yo fui la encargada de compartir mi experiencia personal en esta tarea
de intercesión.
Muchas personas entran en la Basílica atraídas inicialmente por su belleza
(algunas incluso la confunden con una catedral) y recorren el templo sin
saber muy bien qué buscan. Sin embargo, detrás de esa visita muchas veces se
percibe también una búsqueda más profunda. A aquellos con ese interés se les
invita a acercarse al sagrario, a dedicar unos minutos al silencio y a la
oración. También se les ofrece papel y bolígrafo para que puedan escribir
aquello que llevan en el corazón: una petición de ayuda, una necesidad, un
dolor, una intención por la que están haciendo el Camino o simplemente algo
que necesitan expresar. Hay personas creyentes y también personas que no lo son. Algunas reconocen
que quieren rezar o que les gustaría hacerlo, pero no saben cómo.
Las peticiones que escriben se doblan y se depositan en una pequeña cesta con el nombre
“Dios te escucha”. Son completamente privadas y nunca se abren. En un
momento concreto del mes se presentan en la oración, teniendo presentes
todas esas intenciones. Saber que unas personas completamente desconocidas van a rezar por aquello
que uno lleva en el corazón suele provocar una enorme sorpresa y, sobre
todo, un profundo agradecimiento.
Después se ofrece también a cada persona un versículo de la Sagrada
Escritura o un salmo, disponible en distintos idiomas según su procedencia.
Es lo que llamamos “Dios te habla”.
Muchas personas quieren compartir el texto que les ha tocado y preguntan qué
puede significar para ellas. Y resulta especialmente llamativo comprobar
cómo, en numerosas ocasiones, ese versículo parece estar relacionado
precisamente con aquello que poco antes habían escrito en su petición. Son momentos que sorprenden, emocionan y dejan huella.
Muchas veces, quienes han vivido esta experiencia terminan dando las
gracias, compartiendo un abrazo o explicando que algo ha cambiado entre el
momento en que entraron en la Basílica y el momento en que salen.
Es una labor muy gratificante, aunque también exige mucho: escuchar de
verdad, tener sensibilidad y cuidar mucho qué se dice y cómo se dice. En cierto modo, se trata de ser puente entre aquello que las personas
necesitan expresar y aquello que pueden encontrarse en ese momento.
Es una experiencia que nos hace sentir profundamente agradecidos por
poder realizar esta labor de acogida en nuestra Basílica, porque damos
mucho, pero también recibimos muchísimo.