Hoy, 6 de agosto, comienza la Novena para celebrar la Asunción de la Virgen María. En esta entrada compartiremos cada día una breve reflexión que nos ayude a acercarnos más a ella.
Día 2: Sierva del Señor
Oración: «Dichosa tú, que has creído». María fue llamada dichosa, no por el hecho de ser Madre de Dios, sino por su fe. Ven, Espíritu Santo, para que esta oración aumente mi fe en el amor y en el poder de Dios, y sepa entregarme con amor y sin reservas a mi misión.
¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor! (Lc. 1, 39-45)
La comunicación nace del encuentro y del amor. El diálogo entre María e Isabel provoca que la respuesta primera sea el salto del niño en el vientre de su madre.
Antes de hablar, aprendemos a comunicarnos mediante los gestos, la cercanía y la escucha, incluso desde el vientre materno.
Allí comienza nuestra primera experiencia de relación y confianza. Después del nacimiento, la familia continúa siendo la primera escuela de comunicación, donde aprendemos a convivir, respetar las diferencias y acogernos mutuamente. Así, el verdadero diálogo se construye sobre el amor, la escucha y el encuentro con los demás. (Adaptación basada en el Mensaje del papa Francisco para la 49.ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (23 de enero de 2015)
¿Cómo va mi fe en la presencia de Dios en mi vida?
Día 1: María Morada del Espíritu Santo
Oración: María, acompáñame en esta oración para que sepa estar dispuesto,
con una gran fe, a escuchar y acoger hoy el llamado de Dios. Que con confianza y
con amor, responda con prontitud y generosidad.
Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc. 1, 26-38)
“La Anunciación a María representa mucho más que ese particular episodio
evangélico; contiene todo el misterio de María, toda su historia, su ser, y al
mismo tiempo habla de la Iglesia, de su esencia para siempre.
Dios, el Señor, nos ha llamado a cada uno de nosotros, cada uno es llamado por
su nombre. Dios es tan grande que tiene tiempo para cada uno de nosotros, me
conoce, nos conoce a cada uno por el nombre.
Dios, el Señor, me
llama, me conoce, espera mi respuesta como esperaba la respuesta de María”.
(Benedicto XVI, 4 de marzo de 2011).
Dios me llama: ¿estoy
atento a su voz?, ¿estoy dispuesto a decir como María “hágase en mí según tu
Palabra”? Y mi respuesta... ¿es fiel? ¿es mezquina? ¿es tibia?
