Hoy, 6 de agosto, comienza la Novena para celebrar la Asunción de la Virgen María. En esta entrada compartiremos cada día una breve reflexión que nos ayude a acercarnos más a ella.
Día 9: María, Puerta del Cielo.
Oración: María, mujer del "sí" y del servicio, acompáñanos en este
momento de oración. Enséñanos a llevar a Jesús a los demás con alegría,
generosidad y humildad, para que nuestra vida sea siempre un reflejo de su
amor. Amén.
María se levantó y partió sin demora... (Lc 1,39)
Después de recibir el anuncio del ángel, María no se queda centrada en sí
misma. Se pone en camino para visitar a su prima Isabel y ofrecerle su ayuda.
Lleva en su seno a Jesús y, con su sola presencia, llena de alegría aquel
hogar. Su visita se convierte en un verdadero encuentro de fe, donde Dios se
hace presente y transforma los corazones.
María es la primera discípula misionera, porque no guarda el don recibido solo
para ella, sino que sale al encuentro de los demás. Su fe siempre la impulsa
al servicio, a la cercanía y a la alegría de compartir a Cristo.
El encuentro con Isabel culmina con una de las oraciones más hermosas de la
Biblia: el Magníficat. María no habla de sí misma ni busca reconocimientos;
toda su alabanza está dirigida a Dios. Reconoce que el Señor ha hecho
maravillas en su vida y proclama que Él mira con amor a los humildes, sostiene
a los pequeños y permanece fiel a sus promesas. El Magníficat nos enseña que
un corazón agradecido descubre la presencia de Dios en la vida cotidiana y
responde con alegría y alabanza.
También nosotros estamos llamados a vivir como María: salir al encuentro de
quienes nos necesitan, llevar a Jesús con nuestras palabras y obras, y
aprender a agradecer. En medio de nuestras ocupaciones y dificultades, el
Magníficat nos invita a detenernos y reconocer todo lo bueno que Dios realiza
cada día en nuestra vida. Quien sabe dar gracias descubre que Dios nunca deja
de actuar.
¿Mi encuentro con Jesús me impulsa a salir al encuentro de los demás?
¿Tengo un corazón agradecido como el de María? ¿Sé reconocer la presencia de
Dios en las personas y en los acontecimientos de cada día?
Día 8: María, causa de nuestra alegría.
Oración: Señor Jesús, al contemplarte en la cruz, queremos permanecer a
tu lado junto a María, como lo hizo el discípulo amado. Danos un corazón fiel
para recibir a tu Madre como un verdadero regalo y aprender de ella a seguirte
con amor y esperanza. Amén.
"Mujer, ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre." (Jn 19,26-27)
En el momento más doloroso de su vida, cuando Jesús entrega su vida en la
cruz, María permanece de pie junto a Él. No huye, no se deja vencer por el
sufrimiento, sino que permanece firme, acompañando a su Hijo con un amor fiel.
Junto a ella está el discípulo amado, que tampoco abandona a Jesús en la hora
de la prueba.
María permanece siempre junto a la cruz y desde allí se convierte en Madre de
toda la Iglesia y de cada uno de nosotros. Jesús, antes de morir, nos hace un
regalo inmenso: nos entrega a su Madre para que nos acompañe en el camino de
la fe.
Pero este Evangelio también nos invita a mirar al discípulo amado. Él
representa a todo discípulo que desea seguir a Cristo hasta el final. Recibe a
María en su casa, es decir, la acoge en su vida, la reconoce como Madre y
aprende de ella a permanecer fiel junto a Jesús. No basta con admirar a María;
el verdadero discípulo la recibe, la escucha y camina con ella.
También nosotros estamos llamados a ser como el discípulo amado. En medio de
las dificultades, de las cruces y de los momentos de incertidumbre, Jesús nos
invita a permanecer a su lado y a dejarnos acompañar por María. Ella nos
sostiene con su amor de Madre y nos enseña a permanecer firmes en la fe, con
la esperanza puesta en la Resurrección.
¿Permanezco junto a Jesús también en los momentos difíciles de mi vida?
¿Qué puedo aprender del discípulo amado sobre la fidelidad y la
perseverancia? ¿Cómo puedo acompañar a quienes hoy viven su propia cruz,
siguiendo el ejemplo de María y del discípulo amado?
Día 7: María, Arca de la Alianza.
Oración: María, Madre atenta y servicial, enséñanos a descubrir las necesidades de quienes nos rodean y a llevarlas siempre a Jesús. Que, siguiendo tu ejemplo, aprendamos a confiar plenamente en Él y a vivir con un corazón dispuesto a hacer su voluntad. Amén.
Haced lo que Él os diga. (Jn 2,5)
En las bodas de Caná, María ocupa un lugar discreto, pero fundamental. Es la primera en darse cuenta de la necesidad de los esposos: "No tienen vino". Su mirada está atenta a los demás; no espera que se lo pidan, sino que descubre el sufrimiento o la dificultad y la presenta a Jesús.
María es la Madre que siempre intercede por nosotros y nos conduce hacia su Hijo. En Caná no busca protagonismo; simplemente confía en Jesús y orienta a los sirvientes con unas palabras que siguen siendo un programa de vida para todo cristiano: "Haced lo que Él os diga."
También nosotros estamos llamados a aprender de María. Ella nos enseña a mirar con sensibilidad las necesidades de quienes nos rodean, a confiar en el poder de Jesús incluso cuando parece que no hay solución y a vivir una fe que se expresa en la obediencia a la Palabra de Dios. Cuando ponemos nuestra vida en manos del Señor, Él puede transformar nuestras pobrezas, nuestros miedos y nuestras dificultades, del mismo modo que transformó el agua en el mejor vino.
María continúa haciendo hoy lo mismo que hizo en Caná: nos lleva hasta Jesús y nos invita a confiar en Él. Si escuchamos su consejo y hacemos lo que Jesús nos dice, nuestra vida también puede llenarse de la alegría y la esperanza que solo Él puede dar.
¿Tengo un corazón atento a las necesidades de los demás, como María?
¿Acudo a Jesús con confianza cuando experimento alguna dificultad? ¿Cómo
puedo ser, como María, un instrumento para acercar a otras personas a
Jesús?
Día 6: María, sede de sabiduría.
Oración: María, Madre y discípula del Señor, acompáñanos en este
momento de oración. Enséñanos a buscar siempre a Jesús, a escuchar su
Palabra y a confiar en Dios, aun cuando no comprendamos del todo sus
caminos.
Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. (Lc 2,51)
El Evangelio nos presenta a María y a José viviendo uno de los momentos más
angustiantes de su vida: no encuentran a Jesús. Durante tres días lo buscan
con preocupación hasta hallarlo en el Templo. Aunque no comprenden
plenamente la respuesta de su Hijo, María no se cierra al misterio; guarda
todo en su corazón y continúa confiando en el proyecto de Dios.
María es la mujer de la escucha, capaz de acoger la voluntad de Dios incluso
cuando no entiende todo lo que sucede. Su fe no se apoya en tener todas las
respuestas, sino en la certeza de que Dios siempre es fiel.
También nosotros, en ocasiones, podemos sentir que hemos "perdido" a Jesús:
cuando nos alejamos de la oración, cuando las preocupaciones ocupan el
primer lugar o cuando las dificultades nos hacen dudar. Este pasaje nos
invita a volver a buscarlo allí donde Él se hace presente: en su Palabra, en
la Eucaristía, en la comunidad y en el silencio del corazón.
María nos enseña que buscar a Jesús nunca es tiempo perdido. Quien lo busca
con sinceridad termina encontrándolo y descubre que Él siempre nos espera
para renovar nuestra fe y nuestro amor.
¿En qué momentos de mi vida he sentido que Jesús estaba lejos de mí?
¿Dónde lo busco cuando necesito encontrar sentido, paz o esperanza? ¿Sé
guardar en mi corazón los acontecimientos de mi vida, como lo hacía María,
esperando que Dios me ayude a comprenderlos?
Día 5: María, Mujer Nueva
Oración: Prepara, Señor, mi corazón para
que con una disposición de apertura y docilidad te deje entrar hasta lo más
íntimo de mi alma pues sé con certeza que quien se pone en tus manos está en
camino de la verdadera felicidad.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será
causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de
contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se
manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
(Lc.2, 22-40)
Al presentar a Jesús en el Templo, María y José cumplen con humildad la
voluntad de Dios. Allí, Simeón anuncia una profecía que cambiará para
siempre la mirada de María: el camino de su Hijo estará marcado por el amor
entregado, pero también por el rechazo y el sufrimiento. María escucha estas
palabras sin comprender del todo su alcance, pero las acoge con fe y las
guarda en su corazón.
El papa Francisco nos recuerda que María es la Madre que sabe transformar el
dolor en esperanza porque mantiene su mirada puesta en Dios. Ella no se
rebela ante la cruz ni pierde la confianza cuando el sufrimiento llama a su
puerta; permanece junto a Jesús con un amor fiel, convencida de que la
última palabra siempre la tiene Dios.
También nosotros experimentamos momentos en los que una "espada" atraviesa
nuestro corazón: una enfermedad, una pérdida, una preocupación familiar o
una incertidumbre. En esos momentos, María nos enseña que la fe no elimina
el dolor, pero sí nos ayuda a vivirlo con esperanza. Ella camina a nuestro
lado, nos sostiene como Madre y nos invita a permanecer junto a Jesús,
seguros de que Dios puede transformar nuestras cruces en camino de vida.
Que, al contemplar a María en el Templo, aprendamos a confiar en el Señor
incluso cuando no comprendemos sus caminos, sabiendo que quien permanece
unido a Cristo nunca pierde la esperanza.
¿Qué "espadas" atraviesan hoy mi corazón? ¿Permanezco junto a Jesús
cuando el camino se vuelve difícil, como lo hizo María? ¿Cómo puedo ser
consuelo y esperanza para quienes hoy están sufriendo?
Día 4: María toda hermosa.
Oración: María, Madre nuestra, enséñanos a confiar en Dios como tú lo
hiciste. Acompáñanos en este momento de oración para que, escuchando su
Palabra, aprendamos a vivir con fe, esperanza y disponibilidad a su
voluntad.
Un ángel del Señor se le apareció a José en sueños, diciendo: Levántate,
toma al Niño y a su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te
diga; porque Herodes va a buscar al Niño para matarle.
(Mt. 2,13)
María había dicho "sí" al plan de Dios, pero ese sí no la libró de las
dificultades. Poco después del nacimiento de Jesús tuvo que dejar su hogar,
emprender un camino desconocido y vivir como extranjera en Egipto para
proteger a su Hijo.
Podemos imaginar el cansancio, el miedo y las preguntas que habrán llenado
su corazón. Sin embargo, María y José confían. Caminan juntos, sostienen a
Jesús con ternura y con su fe intacta continúan creyendo que Dios conduce la
historia, incluso cuando el camino parece oscuro, cuando no saben todas las
respuestas. No se dejan paralizar por el miedo o la incertidumbre.
También nosotros atravesamos momentos de inseguridad, cambios inesperados o
situaciones que no comprendemos. María y José nos enseñan que confiar no
significa no tener dificultades, sino seguir caminando de la mano de Dios,
con la certeza de que Él nunca abandona a sus hijos. Ambos nos invitan a
poner nuestra vida en las manos del Señor y a descubrir que, aun en medio de
las pruebas, Dios siempre permanece a nuestro lado.
¿Cómo reacciono cuando la vida me obliga a cambiar mis planes? ¿Quién
necesita hoy que lo cuide, lo acompañe o lo proteja, como hizo san José
con Jesús y María? ¿A quién puedo acudir, como María, para encontrar
fuerza en los momentos difíciles?
Día 3: Con María, al encuentro de Jesús
Oración: Gracias, Señor, por permitirme
tener un momento de intimidad contigo en la oración. Invoco a tu Santísima
Madre para que me ayude a contemplar su ejemplo y virtudes. Ruego al
Espíritu Santo que infunda en mí su luz y fortaleza para crecer en la
humildad de los pastores.
María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su
corazón.
(Lc.2, 16-21)
El Evangelio nos dice que los pastores después de escuchar el mensaje del
ángel "fueron a toda prisa"…Porque los “sencillos de corazón verán a Dios”.
Es decir, pusieron en práctica lo que les pedía Dios: caminar hacia Belén,
donde encontrarían al Salvador.
Y es precisamente esto lo que necesitamos. Sabemos que para encontrarnos de
verdad con Cristo hay cosas que debemos estar dispuestos a dejar atrás: el
egoísmo, la comodidad, la búsqueda del placer o la vanidad. Porque no existe
un Cristo a nuestra medida, sino el único Cristo que encontraron los
pastorcillos: un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre.
Para llegar a Él hace falta ser humildes, pues la entrada de la cueva es
pequeña y exige agacharse. Es Dios mismo quien nos enseña, desde ese
pesebre, que su seguimiento exige cruz, dolor, humildad, pureza y pobreza de
corazón, y obediencia a la voluntad de Dios. Y es esto lo que da la paz y la
felicidad en el corazón.
María, la Madre de Dios, nos enseña que para llegar a Cristo hace falta
también la oración. Ella «guardaba todas las cosas y las meditaba en su
corazón».
Día 2: Sierva del Señor
Oración: «Dichosa tú, que has creído».
María fue llamada dichosa, no por el hecho de ser Madre de Dios, sino por su
fe. Ven, Espíritu Santo, para que esta oración aumente mi fe en el amor y en
el poder de Dios, y sepa entregarme con amor y sin reservas a mi misión.
¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron
dichas de parte del Señor!
(Lc. 1, 39-45)
La comunicación nace del encuentro y del amor. El diálogo entre María e
Isabel provoca que la respuesta primera sea el salto del niño en el vientre
de su madre.
Antes de hablar, aprendemos a comunicarnos mediante los gestos, la cercanía
y la escucha, incluso desde el vientre materno.
Allí comienza nuestra primera experiencia de relación y confianza. Después
del nacimiento, la familia continúa siendo la primera escuela de
comunicación, donde aprendemos a convivir, respetar las diferencias y
acogernos mutuamente. Así, el verdadero diálogo se construye sobre el amor,
la escucha y el encuentro con los demás. (Adaptación basada en el Mensaje
del papa Francisco para la 49.ª Jornada Mundial de las Comunicaciones
Sociales (23 de enero de 2015)
¿Cómo va mi fe en la presencia de Dios en mi vida?
Día 1: María Morada del Espíritu Santo
Oración: María, acompáñame en esta oración
para que sepa estar dispuesto, con una gran fe, a escuchar y acoger hoy el
llamado de Dios. Que con confianza y con amor, responda con prontitud y
generosidad.
Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc. 1, 26-38)
“La Anunciación a María representa mucho más que ese particular episodio
evangélico; contiene todo el misterio de María, toda su historia, su ser, y
al mismo tiempo habla de la Iglesia, de su esencia para siempre.
Dios, el Señor, nos ha llamado a cada uno de nosotros, cada uno es llamado
por su nombre. Dios es tan grande que tiene tiempo para cada uno de
nosotros, me conoce, nos conoce a cada uno por el nombre.
Dios, el Señor, me llama, me conoce, espera mi respuesta como esperaba la
respuesta de María”. (Benedicto XVI, 4 de marzo de 2011).
Dios me llama: ¿estoy atento a su voz?, ¿estoy dispuesto a decir
como María “hágase en mí según tu Palabra”? Y mi respuesta... ¿es fiel?
¿es mezquina? ¿es tibia?
