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Moldeados por el amor de Dios

La celebración penitencial del pasado 23 de marzo nos deja una invitación a dejarnos transformar por Dios


Redaccion: Mariángeles Di Falco
Fotografías: Nani Palomo

El lunes 23, vivimos la celebración penitencial, una oportunidad especial para detenernos, mirar nuestro interior y reconciliarnos con Dios y con los demás.

En el camino hacia la Semana Santa, este momento adquirió un significado aún más profundo: nos invitó a preparar el corazón, a reconocer nuestras fragilidades y a abrirnos a la misericordia de Dios. Vivida en comunidad, la penitencia deja de ser solo un acto personal para convertirse en una experiencia compartida de conversión, esperanza y renovación espiritual.

La celebración tuvo como eje central el símbolo de las vasijas de barro, inspirado en Jeremías 18,1-6, recordándonos que somos obra de Dios - el alfarero -, que nos moldea con amor.

Explicación del Signo: "Dicen que un alfarero tenía muchas vasijas en su taller. Algunas eran nuevas y brillantes, pero otras estaban agrietadas, marcadas por el tiempo o por caídas. Un día, alguien le preguntó porque no tiraba las vasijas rotas. El alfarero sonrió y respondió: "porque precisamente en sus grietas es donde puedo volver a trabajar, donde puedo hacerlas nuevas, donde mi obra se nota más".




Nosotros somos como estas vasijas de barro: frágiles, agrietadas, imperfectas, vulnerables, limitadas... Nuestra vida a veces se agrieta, se rompe o se oscurece, como este paño que vemos. Cargamos errores, heridas y pecados.

Pero en medio de todo, hay una luz que nunca se apaga: Cristo; no viene a desechar la vasija, sino a restaurarla, a decirnos que somos llamados a contener el amor de Dios.

Signo de ese amor son las piedras blancas que rodean este espacio y nos recuerdan el final de la historia: cuando dejamos que Dios actúe, que Él transforme nuestra fragilidad en vida nueva, nuestro pecado en perdón, y nuestras grietas en oportunidad de amor. Hoy, como estas vasijas, dejemos que el Alfarero nos modele.