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¡¡¡NOTA DE PRENSA ENVIADA A LOS MEDIOS RELATIVA A LA CELEBRACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES!!!

 SANTA MARÍA LA MAYOR DE PONTEVEDRA:

CUIDÁNDONOS MUTUAMENTE


El jueves 11 de febrero se conmemorará la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Con tal motivo, la comunidad parroquial de Santa María la Mayor de Pontevedra viene celebrando desde el pasado miércoles, 3 de febrero, una novena en su honor, con misas a las 9:30, 11:00 y 20:00 h. en la Real Basílica. El día propio de la fiesta, para facilitar la asistencia de los fieles y evitar las aglomeraciones, serán cuatro las misas en las que se rendirá tributo a la Virgen de Lourdes, 9:30, 11:00, 18:30 (ésta, con intérprete en lengua de signos) y 20:00 h., respetando en todas ellas las medidas legales y recomendaciones sanitarias vigentes para esa jornada.


Unción Comunitaria de Enfermos

Dado que en el año 2020, por causa del confinamiento, no se pudo llevar a cabo la “Pascua del Enfermo” en el sexto domingo de Pascua, como habría correspondido, este sacramento se impartirá el propio 11 de febrero, en la misa de las 11:00 h. La unción de enfermos es uno de los dos sacramentos de curación, los cuales persiguen sanar a las personas de aquel mal que las aflige, ya sea del cuerpo, o del alma.


Jornada Mundial del Enfermo

Ese mismo día, la Iglesia Universal organiza la XXIX Jornada Mundial del Enfermo, en esta ocasión bajo el lema “Uno solo es vuestro Padre y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8). Nuestro Arzobispo, D. Julián Barrio Barrio, ha compartido recientemente una carta pastoral para esta Jornada, acordándose de todas aquellas personas que sufren las consecuencias más graves y directas de la pandemia, pero sin olvidar a quienes padecen otras enfermedades. En su mensaje, el Arzobispo pide la intercesión de la Virgen y hace un llamamiento para que la sociedad aprenda a cuidarse mutuamente, preocupándonos unos de otros, mirando al prójimo siempre con una mirada llena de misericordia.


Imágenes

En cuanto a las imágenes de Nuestra Señora de Lourdes y de Santa Bernadette Soubirous, explicar que se veneran en esta iglesia parroquial, en la capilla central de la nave lateral sur, desde el 8 de diciembre de 2014, solemnidad de la Inmaculada Concepción, momento en que fueron bendecidas por el entonces Obispo Auxiliar, D. Jesús Fernández González, quien actualmente rige la Diócesis de Astorga. Fueron talladas por la Comunidad de la Familia Monástica de Belén, de la Asunción de la Virgen y San Bruno, en Francia, y adquiridas con ayuda de una suscripción popular.



¡¡¡CARTA PASTORAL EN EL DÍA DEL ENFERMO!!!

  "Cuidémonos mutuamente”


Queridos diocesanos:

En la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes celebramos la Jornada del Enfermo. Sin duda las consecuencias de la pandemia que estamos viviendo, nos hacen tomar una mayor conciencia de nuestra fragilidad. En este tiempo estamos teniendo muy en cuenta a los contagiados por el coronavirus sin olvidar a quienes están afectados por otras enfermedades. Hemos lamentado dolorosamente la soledad en que muchos enfermos se han encontrado incluso en el momento de su muerte. “La cercanía, de hecho, es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad”[1], manifestando la dependencia que tenemos y sentimos entre nosotros. Todos nos necesitamos y la fuerza del Señor nos ayuda a mantenernos unidos. “Uno solo es vuestro Padre y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8), nos recuerda el Papa en su Mensaje para esta Jornada. Este convencimiento ha de motivarnos a ser misericordiosos como nuestro Padre Dios, viendo a los otros con los ojos de nuestro corazón y amándonos unos a otros como el Señor nos ama (cf. Jn 13,34) y cuidándonos mutuamente.


Buenos samaritanos con la fe, la esperanza y la caridad


De manera especial ante las personas enfermas nuestra actitud ha de ser la del Buen Samaritano. “Jesús propone detenerse, escuchar, establecer una relación directa y personal, sentir empatía y conmoción por él o por ella, dejarse involucrar por su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de él por medio del servicio (cf. Lc 10,30-35)”[2]. La fe, la esperanza y la caridad han de tejer la alfombra que pisemos ante el sufrimiento y los enfermos.


La fe cristiana nos ayuda a percibir en la obscuridad del dolor la luz de Cristo Resucitado y no hace promesas de un futuro mejor a expensas de la realidad presente. Los creyentes en Cristo “sufren con los que sufren” (Cf. 1Cor 12,26), toman en serio el dolor del prójimo, les conmueve y les empuja a hacer algo por remediarlo. Esta fe nos urge a hacernos cargo del impacto lacerante causado por la enfermedad y no necesita del sufrimiento para revalorizarse. Dios no aguarda detrás de la desgracia para que los hombres terminen adorándole. Nuestro dolor es el suyo[3]. Él quiso hacerse uno de nosotros experimentando el dolor y la muerte, y entregó su vida para que nosotros la tengamos en abundancia. En medio del dolor nuestra fe debe permanecer serena en el Sí de Dios que no nos protege inmunes de la desgracia pero nos hace salir de nuestros cobertizos personales e institucionales para hacerlo presente en todos los sufrimientos. Permanecer en la fe implica seguir las huellas del Crucificado y Resucitado. Él está presente en quienes ven resquebrajarse el suelo sobre el que se apoya su vida. A nadie como al cristiano le debe doler tanto el dolor de los demás, pero ese dolor nunca será piedra de tropiezo o escándalo para desconfiar de Dios.


Nuestra esperanza es serena: tiene la certeza de que “nada nos separará del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”, ni siquiera esta muerte temporal (Cf. Rom 8,35). Queridos enfermos, os animo a contemplar la figura de Cristo resucitado mostrando las palmas de sus manos. En ellas reconoceremos tatuado el Sí definitivo del Padre a su Hijo Jesucristo, y a todos nosotros, sus hijos. Esas manos son signo de que el amor del Padre es más fuerte que la muerte: “Mirad mis manos y mis pies, soy yo en persona” (Lc 24,39). Quienquiera que las contemple podrá reconocer en ellas todo el peso del dolor del mundo y también el realismo de la esperanza. Quien las está ofreciendo ha experimentado en propia carne la muerte y es el que nos puede decir: “Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos” (Ap 1,18). En su resurrección todos viven de su presente eterno y sus nombres quedan inscritos en el libro de la vida. Nuestras vidas están tatuadas en Dios: “Yo te llevo grabada como un tatuaje en mis manos” (Is 49,16). En las llagas gloriosas del Señor están todos los nombres. Esta es nuestra esperanza.


“La fe actúa mediante la caridad” (Gal 5,6). En tiempos de tribulación, permanezcamos en la fe, que no es la quietud de un fervor individualista, sino el hacernos prójimos de todos con la caridad que “es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión”[4]. Quien ama a ejemplo de Jesús alivia el sufrimiento y enjuga las lágrimas sin pensar en sí mismo y sin esperar a que se lo pidan.


A vosotros, queridos enfermos y enfermas, os tengo muy presentes en mi oración con la intercesión de la Virgen María, salud de los enfermos. Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,

Arzobispo de Santiago de Compostela.




[1] FRANCISCO Mensaje para la XXIX Jornada Mundial del enfermo, 11 de febrero de 2021, 3.


[2] Ibid., 1.


[3]“Dios no puede padecer, pero puede compadecer. El hombre tiene un valor tan grande para Dios que se hizo hombre para poder compadecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre, como nos manifiesta el relato de la Pasión de Jesús. Por eso en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y el padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la consolatio, el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza”: BENEDICTO XVI, Spe salvi, 39.


[4] FRANCISCO, Mensaje para la Cuaresma del 2021, 3.

¡¡¡AVISOS SEMANALES!!!

 CÁRITAS

La COLECTA del primer domingo de mes es para que Cáritas pueda atender a las familias necesitadas de la Parroquia. También agradecemos que las prendas que se depositen en el CONTENEDOR DE CÁRITAS estén en buen estado; usadas… pero en buen estado. Se admiten zapatos que NO estén rotos. Es importante que todo se introduzca en bolsas pequeñas, dentro del contenedor.


NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

Os animamos, ahora con más motivo, a participar en la NOVENA DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES en la que oramos por todos los enfermos, las familias que los cuidan, el personal sanitario y por nuestras autoridades, para que sean humildes y se dejen iluminar por Dios.


El día de la fiesta, el jueves 11 de febrero, se celebra la JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO. El lema de este año es: “Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos”. Para favorecer la participación en la eucaristía, dicho jueves tendremos misas a las 9:30 y 11:00 de la mañana, y a las 18:30 y 20:00 h. de la tarde.


En la misa de las 11:00 h. habrá celebración comunitaria de la UNCIÓN DE LOS ENFERMOS y en la de las 18:30 tendremos servicio de interpretación en lengua de signos.


Si conoces alguna persona que, por estar encamada o enferma, no vaya a venir estos días de la novena, se puede traer UNA FLOR CON SU NOMBRE para ponerla a los pies de la imagen de la Virgen de Lourdes y así tenerlos más presentes en nuestra oración.


SOMOS IGLESIA ABIERTA Y PRESENCIAL

Desde que empezó la pandemia, nuestra parroquia de Santa María la Mayor nunca ha cerrado. Nos hemos ido adaptando a las medidas legales y sanitarias pero la Iglesia nunca ha cerrado para favorecer un espacio de silencio y oración, de encuentro con Dios y con los demás.

Hemos mantenido las celebraciones y todos los sacramentos, también la labor caritativa y asistencial, así como la catequesis y la formación. También hemos potenciado otros medios telemáticos de información aunque seguimos apostando por el trato directo y presencial.

Esta aclaración es oportuna porque algunas personas preguntan si funciona el Despacho Parroquial, si hay que pedir cita previa o si los sacerdotes están disponibles para atender a cualquier enfermo de Covid u otras dolencias. ¡Así es! Además, gracias a la generosidad de muchos laicos, todo sigue abierto y funcionando dentro de la legalidad y prudencia sanitaria. ¡Más que nunca todos los católicos hacemos posible que la Iglesia sea hospital de campaña! ¡Somos parroquia de guardia!


OTROS AVISOS

Además del servicio de préstamo de libros y música en el despacho parroquial, también hay disponibles audiovisuales.










¡¡¡LINFOCITOS!!!

 Los linfocitos son parte del sistema inmunitario y, en esta pandemia, están llamados a hacer “horas extra”. Parece que ese es uno de los posibles efectos de las vacunas anti covid, propiciar que se generen linfocitos que paren la expansión del virus. O eso al menos he creído entender leyendo alguna noticia sobre el particular.


En nuestras parroquias contamos con unos peculiares “linfocitos”, los fieles que de manera generosa y desinteresada ayudan a desinfectar el templo después de cada celebración. Sin esta colaboración imprescindible no podríamos mantener el culto público, sino que habría que volver al estado de “catacumbas” vivido durante un tiempo a partir de mediados de marzo del pasado año.


La relación entre protección de la salud y fe es un aspecto concreto del lazo que vincula a la razón con la fe, a lo humano con lo divino. En términos teológicos esa conexión se ve regulada por lo que enseña el concilio de Calcedonia acerca de la correspondencia que, en la persona de Jesucristo, se da entre la naturaleza divina y su naturaleza humana: “sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”. Las propiedades de cada una de las naturalezas “de ningún modo queda suprimida por su unión”.


La observancia en los templos de las medidas sanitarias - uso de mascarilla, distancia social, higiene de manos, desinfección… - viene urgida por nuestra condición humana y por la consiguiente aplicación de lo que la razón dicta: hacer caso a los expertos en medicina. En absoluto esa observancia se opone a la fe, sino que se une a ella, ya que Dios cuenta con que nuestra respuesta a él – y eso es creer – asuma la realidad de lo que somos; por tanto, también nuestra inteligencia.


La posibilidad de celebrar el culto, en especial la Santa Misa, con la asistencia libre de los fieles es decisivo para la vida de la Iglesia. Verse privados de esa posibilidad a largo plazo supondría un grave daño. De ahí la importancia de procurar con esmero que las iglesias sigan siendo, como lo han sido hasta ahora, lugares seguros desde la perspectiva sanitaria.


Comentando con una feligresa mi preocupación por la ausencia de algunos fieles en la Santa Misa, ella me contestó con gran convicción: “Si tienen fe, en cuanto puedan volverán”. Tiene razón. Aquellos que no acuden a la celebración para preservar su salud si tienen fe echarán de menos la participación en el culto. Si tienen fe, volverán en cuanto les sea posible.


Esta pandemia está resultando un crisol para todos; nos pone a prueba, nos obliga a verificar la autenticidad de nuestro compromiso concreto con Jesucristo y con su Iglesia. “Si tienen fe, volverán”.


En nuestras parroquias estos feligreses que actúan como linfocitos contribuyen desde lo pequeño a que se haga presente lo más grande, la cercanía de Dios, su visita en los sacramentos. “Id a prepararnos la Pascua”, le dijo Jesús a Pedro y a Juan. Y así lo hicieron, en “una habitación grande amueblada con divanes”.


Son muchos los fieles que han intensificado su colaboración con las parroquias, dedicando su tiempo, su trabajo y hasta su dinero. Dios se lo pagará como solo Él sabe hacerlo.


Guillermo Juan Morado


Artículo publicado en Infocatólica